Forno analiza el “poder” de los datos y su implicancia en la vida de las personas
¿Qué pasaría si alguien pudiera conocerte mucho mejor que tú mismo? No es una pregunta filosófica, es un cuestionamiento tecnológico. Todo lo que hacen los usuarios genera información, ya que, por cada interacción, se dejan trascendentes rastros. Juan Pablo Forno, conductor de Terapia Tecnológica, analiza el “poder” de los datos y la implicancia en la vida de las personas.
Cada clic, pausa, búsqueda, ubicación, compra o comunicación, se registra. Y, tras eso, se almacena, cruza y analiza. Y eso construye un modelo de cada persona. No de lo que dices que eres, sino de lo que haces. Porque, por primera vez en la historia, no necesitamos preguntarte quién eres, ya que podemos inferirlo a partir de tus datos.
Y eso abre una nueva dimensión: no solo te observan, interpretan, anticipan o modelan. Sino que el sistema compite por capturarlos. La atención es solo el medio, el objetivo real son tus datos. La atención se consume, pero los datos se acumulan. Se vuelven más valiosos con el tiempo y, lo más importante, se pueden usar para entender, predecir y -eventualmente- influir.
Tu teléfono sabe dónde estás, a qué hora te mueves, qué lugares visitas y cuánto tiempo te quedas. Por su parte, las plataformas (RRSS) saben qué te gusta, qué te detiene, qué te genera reacción y qué ignoras. Los sistemas financieros saben en qué gastas, cuánto gastas y cuándo lo haces. Pero si cada uno, por separado, es potente; juntos construyen algo mucho más grande: Un mapa de comportamiento o, peor aún, una versión digital de ti.
Y si alguien tiene la suficiente información sobre ti, ¿cuánto falta para empezar a anticipar tus decisiones? Porque quienes tienen los datos no solamente entienden el presente, empiezan a controlar el futuro. Los datos no se ven, no se sienten y no generan fricción. Pero eso no significa que no tengan impacto. Significa que ocurre sin que lo percibas.
Además, los datos por sí solos no sirven mucho. Son ruido e información dispersa. Para que tengan valor, alguien tiene que hacer algo con ellos. Y ahí entran los algoritmos, que son el cerebro del sistema.
Los algoritmos no solo procesan datos y detectan patrones, sino que encuentran relaciones. Pueden analizar millones de datos en segundos. Por ejemplo, un humano puede ver que las personas compran café en la mañana. En cambio, un algoritmo puede ver que las personas compran café entre las 7:30 y las 8:15. Y, además, mientras los disfrutan, buscan viajes para los próximos tres días. Eso es otro nivel.
Por último, antes, procesar grandes volúmenes de datos era lento, costoso y limitado. Hoy es inmediato. No es solo que tengamos más infomación, es que ahora podemos hacer algo más. Esto no es solo un tema de empresa, es de países. En Estados Unidos, las empresas privadas dominan los datos. En China, hay una integración Estado-tecnología y, en Europa, hay foco en la regulación, la protección de privacidad y limitar el uso de tecnologías. La competencia global ya no es solo económica, es informacional.

