“Industria, academia y Estado, eso tiene que funcionar para que haya desarrollo tecnológico”
El próximo 25 de noviembre, en el centro de eventos Metropolitan Santiago, la Asociación de la Industria Eléctrica – Electrónica de Chile (AIE) festejará sus 30 años de vida. Por lo mismo, Eduardo Cordero Homad, presidente del organismo gremial, comentó sus principales hitos a lo largo de su historia, su crecimiento y cuáles serían los desafíos en materia de desarrollo tecnológico.
Cordero, quien además es presidente ejecutivo de Kolff, señaló que -normalmente- este tipo de asociaciones gremiales llega solamente a los 5 años de funcionamiento. Por tanto, cumplir tres décadas, y en constante evolución (tienen más de 100 asociados, entre ellos 20 entidades académicas), cobra mucho más valor.
“Nació muy parecido a una startup, con solo seis empresas chilenas, con gerentes muy jóvenes, recién egresados de la universidad (U. de Chile, U. católica y U. Santa María), donde pudimos mirar y compartir experiencias”, señaló el personero a La Nueva Industria.
Por ejemplo, entre los fundadores del gremio había empresas exportaba máquinas para procesos de armas, asesorías a gobiernos internacionales y asociados haciendo componentes para la NASA, entre otros desarrollos. “La primera década de la AIE estuvo marcada por este emprendimiento. Además, pudimos hacer programas con ProChile y la Corfo, y ahí se comenzó a generar un ecosistema de una industria transversal”, añadió.
En esos primeros diez años de funcionamiento, trabajaron con industrias forestales, salmonicultura, minería, agroindustria, vitivinícola y la banca, entre otras. “Por otra parte, durante la segunda década tuvimos un desarrollo más interesante: se incorporaron empresas más grandes, con técnicos e ingenieros. Entonces, el trabajo tuvo un valor agregado y desarrollo personal”, sostuvo Eduardo Cordero.
Desafíos industriales
Hoy en día, dentro de las instituciones académicas asociadas, la AIE integra a Duoc UC, INACAP, la USM y la USACh, entre otras. Pero, además, suman entidades de Talca y Concepción, donde existen centros de innovación. “En nuestra tercera década, hemos podido ser partícipes de decisiones de Estado. Tienes que considerar el famoso tridente: Industria, academia y Estado. Y eso tiene que funcionar para que haya desarrollo tecnológico”, afirmó el presidente de AIE.
La AIE intenta imitar los ejemplos de países desarrollados como Italia o Corea del Sur, donde estos tres mundos están sumamente afiatados. “En Chile carecemos de eso. De hecho, se ve reflejado en nuestra inversión en I+D, que es una de las más bajas de la OCDE. Entonces, hay una brecha y un desafío para poder avanzar en nuestra industria. Además, hoy, todas las actividades económicas necesitan automatización e IA, tanto industriales como administrativos”, comentó.
Finalmente, Eduardo Cordero espera, en el corto plazo, contar con 300 asociados activos y mejorar la relación entre Estado y academia, donde ya están trabajando a través de una mesa de capital humano. “Formamos un programa, denominado Tecnología Chilena, que lo articulamos junto con ACTI y Chiletec, que es una asociación de softwares chilenos que se exportarán a todo el mundo”, sentenció.

